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Simbiogénesis

2025

Con esta instalación exploro el cuerpo desde un lugar que ya no es solo humano. Las corporalidades que la conforman están construidas a partir de prendas usadas —telas recuperadas de las pacas— que estuvieron en contacto directo con otros cuerpos y que arrastran historias de uso, circulación y descarte. Son restos de un sistema de consumo que produce cuerpos y materiales destinados a ser rápidamente sustituidos.

Al ser reutilizadas, estas prendas dejan de responder a una función fija y se transforman en materia abierta, disponible a otras formas de ser. En tonos de tierra y piel, los textiles adquieren una cualidad visceral, ambigua, como organismos en mutación. Entre ellos aparecen piezas cerámicas, algunas mezcladas con el textil, que tensionan la relación entre lo rígido y lo blando, lo que resiste y lo que cede, en una exploración de flexibilidad y transformación.

Los cuerpos no están pensados para fijarse en un orden establecido. Busco que los materiales se mantengan en un estado de negociación constante: pueden sostenerse, desplazarse o recombinarse según el espacio y las tensiones que surgen entre ellos. Esta posibilidad de reconfiguración interrumpe jerarquías y deja que cada parte encuentre su manera de convivir sin funciones preasignadas.

Hay un movimiento latente, un “todavía no” que recorre la instalación. Las piezas se sostienen en esa indecisión fértil, entre el deseo de contener y la imposibilidad de definir. Desde ahí pienso la cohabitación como la experiencia de cuerpos que conviven sin cerrarse, en un estado de transformación compartida.

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